¿Encuentran
alguna relación entre los términos desapego, duelo, perdón, libertad y
búsqueda?
Y más aún,
¿que todo esto tenga una relación determinante con el hecho de descubrir
nuestra misión personal aquí en la tierra?
Pues comparto
con ustedes lo siguiente:
Para que
una silla pueda ser ocupada, es necesario que se encuentre desocupada.
Si quiero
brindarle a mi vida “aires renovados” es decir, proyectos nuevos, redirección
de caminos, reestructuración de objetivos, etc. enfrentando y venciendo
verdaderamente las diversas maneras de resistencia que se me presentarán, debo
sentirme lo suficientemente libre
para emprender la búsqueda y esto
requiere vivir una etapa de desapego
a través del duelo y del perdón.
John
Monbourquette nos lo explica de una forma puntual:
“…es
necesario romper con lo que ha sucedido antes, con el fin de planear el futuro.
Cada transición, empieza con un final.
Mientras
obstinadamente nos mantengamos aferrados a lo que ya no está, estaremos
condenados a quedarnos prisioneros allí, a vivir en un mundo irreal y luego a
estancarnos en una esterilidad física y espiritual.
Antes de
que podamos entrar a una nueva fase, debemos separarnos del pasado creando
cambios, no solamente en el exterior, sino de manera especial en el interior.
Muchas
personas no pasan de la etapa de la ensoñación. La búsqueda de su misión queda
en espera mientras ellos siguen prisioneros de un dolor que no resolvieron,
enredados en recuerdos tristes. Como resultado, sus planes para el futuro quedan
paralizados o seriamente averiados. Un pequeño lazo alrededor de la pata de un
águila es, después de todo, suficiente para impedirle que despliegue sus alas
para volar por encima de las cumbres montañosas. Meister Eckhart nos recuerda:
“Si deseas convertirte en aquello para lo que fuiste hecho, debes dejar de ser
lo que eres”.
Si
conseguimos desapegarnos de lo que en todo caso pertenece a una época pasada,
en otras palabras, si morimos a lo que ya pasó, sucederá algo inesperado. Al
renunciar a lo viejo, comenzaremos a revivir otra vez y encontraremos de nuevo
el deseo de crecer. Es por esto que es de gran importancia que digamos adiós,
que nos desapeguemos para que podamos profundizar en lo que somos y luego estar
listos para realizar nuestro proyecto de vida.
Para
resolver nuestro dolor debemos tomar conciencia de nuestras pérdidas, darles
nombre y atravesar diversas etapas.”
Básicamente
existen dos tipos de pérdidas que podemos experimentar durante el camino de
nuestra vida: las previsibles y las imprevisibles.
Dentro de
las previsibles tenemos las correspondientes a cada periodo de la vida: el
nacimiento, la infancia, la adolescencia, la juventud, la vida de pareja, el
matrimonio, la mediana edad, los hijos que se van del hogar, la jubilación, la
ancianidad.
Y las
pérdidas inesperadas o imprevisibles serían: la muerte de un ser querido, un
accidente, un divorcio, la bancarrota, los fracasos, las decepciones amorosas,
etc.
“…lo
repentino e inesperado de estas pérdidas, a menudo hace más difícil superar el
dolor. A pesar de la naturaleza dramática de este tipo de pérdida, aun es
posible pasar por su proceso de duelo.”
Lo que
necesitamos perder para perseguir nuestro ideal, es el miedo a lo desconocido.
Silenciar
nuestros sueños que amenazan nuestra paz
y seguridad, dejan como resultado: inquietud, hastío, pesimismo, agresividad,
depresión, disgusto, fastidio, cansancio…
¿te
resultan familiares estos estados de ánimo?
“Cuando la
vida pierde sentido para nosotros, se manifiesta en forma de melancolía,
cambios de ánimo o sensación de tedio con la existencia. Esta condición aflige
a muchas personas el día de hoy: el mundo pierde su color, el corazón se siente
pesado; se apoderan de ellas sentimientos de descontento, vacío y futilidad;
nada las satisface, nada las emociona. Lo que solía ser la alegría de su vida,
ya no lo encuentran satisfactorio. Languidecen en un vacío que intentan llenar
con cosas y actividades que sólo terminan haciéndolas sentir más decepcionadas.
Algunas se vuelven escépticas, otras crueles, algunas se recogen en un
aislamiento perjudicial, otras se refugian en el consumo, en la enfermedad o la
depresión. Algunas intentan llenar el vacío interior con el alcoholismo o con
un comportamiento sexual inapropiado, cuando no se dejan tentar por
pensamientos suicidas. ¿Qué sentido tiene vivir? ¿No hay nada más en la vida
aparte de la misma vieja rutina? ¿Para qué seguir? . Todos estos son signos de
neurosis existencial.”
“Viktor
Frankl define la frustración existencial como la ausencia radical de sentido en
la vida de una persona. La raíz de la neurosis espiritual es la ausencia de una
razón para vivir, especialmente en una persona que ha perdido toda su pasión.
¿A dónde puede recurrir una persona para curarse de este sentimiento sombrío,
de esta depresión profunda? ¿Qué podría darle un significado renovado a nuestra
vida? La respuesta yace, en gran medida, en el descubrimiento de nuestra
misión.”
“El perdón
es un medio excelente para desprenderse. Cualquiera que piense que es posible
salir de una relación, una situación o un lugar de trabajo con resentimiento,
amargura o rabia sutil en su corazón, se está aferrando a una ilusión, porque
el equipaje que arrastra consigo se va a volver muy pesado.”
“No es
inusual que las personas que estén sufriendo se sientan impotentes para sanarse
a sí mismas y reconstruir su futuro; son proclives a vegetar en su
resentimiento, reviviendo constantemente el dolor de la herida que sufrieron.
Se quedan atascadas en un pasado doloroso que arruina su presente y les impide
prever un futuro promisorio. El temor a ser lastimadas otra vez las persigue y
les cierra las puertas a todos los prospectos de riesgo o de éxito. Han perdido
la fe en sí mismas y ya no ven cómo pueden realizar su sueño. La búsqueda de su
misión resultará imposible mientras su herida no se sane.
Hay que
resaltar, primero que todo, la necesidad de embarcarse en un proceso de perdón
a sí mismos y a los demás, con el fin de sanar y de ser liberados de las
heridas que hemos sufrido. En segunda instancia, hay que hacer énfasis en que
apropiarnos de nuestra herida y ocuparnos de ella adecuadamente nos permite
descubrir un nuevo sentido para nuestra vida y nuestra misión.”
“El perdón
evita que quedemos atrapados en el deseo de venganza; (¿sabías que existe una
forma pasiva de venganza que se alimenta de una rabia silenciosa que nos impide
vivir y dejar vivir a los que nos rodean? Se expresa en forma de depresión,
nostalgia, abatimiento, falta de iniciativa y entusiasmo, apatía, falta de
sentimientos, un estado constante de tedio indefinible, etc.) ¡Qué gasto de
energía tan inútil! Así envenenamos nuestra propia vida y las vidas de nuestra
familia y amigos.
El perdón
nos hace conscientes de nuestra herida y la sana; restaura nuestra autoestima y
la confianza en nuestros propios medios. El perdón nos abre al futuro y hace
posible que realicemos nuestra misión.”
No es mi
deseo que este compartir quede tan solo en un escrito, es por eso que
compartiré con ustedes el recorrido hacia el perdón que la vida me fue
mostrando a través de mis vivencias y algunos de mis maestros que conocí
durante ese caminar.
Si
verdaderamente deseamos que el perdón se dé desde nuestro corazón y no de
“dientes para afuera” considero que será necesario tomar en cuenta lo
siguiente:
-
después
de ubicar claramente a la persona de la cual necesito y deseo liberarme a
través del perdón, debo conocer lo
más que me sea posible sobre ella, su historia de vida principalmente lo que
vivió en su infancia, sobre todo conocer cómo fueron sus padres con ella, con
él. Tendré que convertirme un poco en investigador indagando con familiares,
amigos, vecinos etc. para obtener la información de su historia de vida ya que
esto será precisamente lo que me llevará al segundo momento, la comprensión.
-
Si
yo ya conozco por lo menos los elementos básicos de la historia de vida de esa
persona, yo puedo entonces sí, comprender su conducta, lo que me hizo, lo que
me dañó. Los motivos verdaderos (que generalmente son inconscientes) que la
llevaron a hacer o decir aquello que tanto daño hizo.
-
Si
yo ya conozco y comprendo, entonces puedo sentir compasión por ese ser porque ya lo entiendo. Sentir compasión es
estar “con tu pasión” ser empático, ponerme en tus zapatos y ahora sí, de aquí
al perdón solo hay un paso.
Un elemento de importancia capital cuando
deseamos realizar algún cambio en nuestras vidas (de la índole que sea) y que
se torne complejo, es tener muy claros los beneficios
que obtendremos de ese movimiento ya que esto se convierte en el impulsor, en
la energía para llevar a cabo nuestra evolución hacia una consciencia más
amplia que nos permita llegar hacia la claridad de nuestra misión aquí en la
tierra.
La
libertad inalienable que todos poseemos encuentra ahora sí un espacio
adecuado pudiendo ubicarnos en la búsqueda
del sentido de nuestro existir, búsqueda que será continua en nuestro andar y
que precisamente retribuirá de sentido y energía nuestro diario vivir.
Monbourquette, John. Cómo descubrir tu misión
personal. Ed. San Pablo. 2009.