martes, 31 de julio de 2012

Nuestra Misión Personal

¿Encuentran alguna relación entre los términos desapego, duelo, perdón, libertad y búsqueda?
Y más aún, ¿que todo esto tenga una relación determinante con el hecho de descubrir nuestra misión personal aquí en la tierra?
Pues comparto con ustedes lo siguiente:
Para que una silla pueda ser ocupada, es necesario que se encuentre desocupada.
Si quiero brindarle a mi vida “aires renovados” es decir, proyectos nuevos, redirección de caminos, reestructuración de objetivos, etc. enfrentando y venciendo verdaderamente las diversas maneras de resistencia que se me presentarán, debo sentirme lo suficientemente libre para emprender la búsqueda y esto requiere vivir una etapa de desapego a través del duelo y del perdón.

John Monbourquette nos lo explica de una forma puntual:

“…es necesario romper con lo que ha sucedido antes, con el fin de planear el futuro. Cada transición, empieza con un final.
Mientras obstinadamente nos mantengamos aferrados a lo que ya no está, estaremos condenados a quedarnos prisioneros allí, a vivir en un mundo irreal y luego a estancarnos en una esterilidad física y espiritual.
Antes de que podamos entrar a una nueva fase, debemos separarnos del pasado creando cambios, no solamente en el exterior, sino de manera especial en el interior.
Muchas personas no pasan de la etapa de la ensoñación. La búsqueda de su misión queda en espera mientras ellos siguen prisioneros de un dolor que no resolvieron, enredados en recuerdos tristes. Como resultado, sus planes para el futuro quedan paralizados o seriamente averiados. Un pequeño lazo alrededor de la pata de un águila es, después de todo, suficiente para impedirle que despliegue sus alas para volar por encima de las cumbres montañosas. Meister Eckhart nos recuerda: “Si deseas convertirte en aquello para lo que fuiste hecho, debes dejar de ser lo que eres”.
Si conseguimos desapegarnos de lo que en todo caso pertenece a una época pasada, en otras palabras, si morimos a lo que ya pasó, sucederá algo inesperado. Al renunciar a lo viejo, comenzaremos a revivir otra vez y encontraremos de nuevo el deseo de crecer. Es por esto que es de gran importancia que digamos adiós, que nos desapeguemos para que podamos profundizar en lo que somos y luego estar listos para realizar nuestro proyecto de vida.
Para resolver nuestro dolor debemos tomar conciencia de nuestras pérdidas, darles nombre y atravesar diversas etapas.”

Básicamente existen dos tipos de pérdidas que podemos experimentar durante el camino de nuestra vida: las previsibles y las imprevisibles.
Dentro de las previsibles tenemos las correspondientes a cada periodo de la vida: el nacimiento, la infancia, la adolescencia, la juventud, la vida de pareja, el matrimonio, la mediana edad, los hijos que se van del hogar, la jubilación, la ancianidad.
Y las pérdidas inesperadas o imprevisibles serían: la muerte de un ser querido, un accidente, un divorcio, la bancarrota, los fracasos, las decepciones amorosas, etc.

“…lo repentino e inesperado de estas pérdidas, a menudo hace más difícil superar el dolor. A pesar de la naturaleza dramática de este tipo de pérdida, aun es posible pasar por su proceso de duelo.”

Lo que necesitamos perder para perseguir nuestro ideal, es el miedo a lo desconocido.
Silenciar nuestros sueños que  amenazan nuestra paz y seguridad, dejan como resultado: inquietud, hastío, pesimismo, agresividad, depresión, disgusto, fastidio, cansancio…
¿te resultan familiares estos estados de ánimo? 

“Cuando la vida pierde sentido para nosotros, se manifiesta en forma de melancolía, cambios de ánimo o sensación de tedio con la existencia. Esta condición aflige a muchas personas el día de hoy: el mundo pierde su color, el corazón se siente pesado; se apoderan de ellas sentimientos de descontento, vacío y futilidad; nada las satisface, nada las emociona. Lo que solía ser la alegría de su vida, ya no lo encuentran satisfactorio. Languidecen en un vacío que intentan llenar con cosas y actividades que sólo terminan haciéndolas sentir más decepcionadas. Algunas se vuelven escépticas, otras crueles, algunas se recogen en un aislamiento perjudicial, otras se refugian en el consumo, en la enfermedad o la depresión. Algunas intentan llenar el vacío interior con el alcoholismo o con un comportamiento sexual inapropiado, cuando no se dejan tentar por pensamientos suicidas. ¿Qué sentido tiene vivir? ¿No hay nada más en la vida aparte de la misma vieja rutina? ¿Para qué seguir? . Todos estos son signos de neurosis existencial.”

“Viktor Frankl define la frustración existencial como la ausencia radical de sentido en la vida de una persona. La raíz de la neurosis espiritual es la ausencia de una razón para vivir, especialmente en una persona que ha perdido toda su pasión. ¿A dónde puede recurrir una persona para curarse de este sentimiento sombrío, de esta depresión profunda? ¿Qué podría darle un significado renovado a nuestra vida? La respuesta yace, en gran medida, en el descubrimiento de nuestra misión.”

“El perdón es un medio excelente para desprenderse. Cualquiera que piense que es posible salir de una relación, una situación o un lugar de trabajo con resentimiento, amargura o rabia sutil en su corazón, se está aferrando a una ilusión, porque el equipaje que arrastra consigo se va a volver muy pesado.”

“No es inusual que las personas que estén sufriendo se sientan impotentes para sanarse a sí mismas y reconstruir su futuro; son proclives a vegetar en su resentimiento, reviviendo constantemente el dolor de la herida que sufrieron. Se quedan atascadas en un pasado doloroso que arruina su presente y les impide prever un futuro promisorio. El temor a ser lastimadas otra vez las persigue y les cierra las puertas a todos los prospectos de riesgo o de éxito. Han perdido la fe en sí mismas y ya no ven cómo pueden realizar su sueño. La búsqueda de su misión resultará imposible mientras su herida no se sane.
Hay que resaltar, primero que todo, la necesidad de embarcarse en un proceso de perdón a sí mismos y a los demás, con el fin de sanar y de ser liberados de las heridas que hemos sufrido. En segunda instancia, hay que hacer énfasis en que apropiarnos de nuestra herida y ocuparnos de ella adecuadamente nos permite descubrir un nuevo sentido para nuestra vida y nuestra misión.”

“El perdón evita que quedemos atrapados en el deseo de venganza; (¿sabías que existe una forma pasiva de venganza que se alimenta de una rabia silenciosa que nos impide vivir y dejar vivir a los que nos rodean? Se expresa en forma de depresión, nostalgia, abatimiento, falta de iniciativa y entusiasmo, apatía, falta de sentimientos, un estado constante de tedio indefinible, etc.) ¡Qué gasto de energía tan inútil! Así envenenamos nuestra propia vida y las vidas de nuestra familia y amigos.
El perdón nos hace conscientes de nuestra herida y la sana; restaura nuestra autoestima y la confianza en nuestros propios medios. El perdón nos abre al futuro y hace posible que realicemos nuestra misión.”

No es mi deseo que este compartir quede tan solo en un escrito, es por eso que compartiré con ustedes el recorrido hacia el perdón que la vida me fue mostrando a través de mis vivencias y algunos de mis maestros que conocí durante ese caminar.
Si verdaderamente deseamos que el perdón se dé desde nuestro corazón y no de “dientes para afuera” considero que será necesario tomar en cuenta lo siguiente:

-          después de ubicar claramente a la persona de la cual necesito y deseo liberarme a través del perdón, debo conocer lo más que me sea posible sobre ella, su historia de vida principalmente lo que vivió en su infancia, sobre todo conocer cómo fueron sus padres con ella, con él. Tendré que convertirme un poco en investigador indagando con familiares, amigos, vecinos etc. para obtener la información de su historia de vida ya que esto será precisamente lo que me llevará al segundo momento, la comprensión.
-          Si yo ya conozco por lo menos los elementos básicos de la historia de vida de esa persona, yo puedo entonces sí, comprender su conducta, lo que me hizo, lo que me dañó. Los motivos verdaderos (que generalmente son inconscientes) que la llevaron a hacer o decir aquello que tanto daño hizo.
-          Si yo ya conozco y comprendo, entonces puedo sentir compasión por ese ser porque ya lo entiendo. Sentir compasión es estar “con tu pasión” ser empático, ponerme en tus zapatos y ahora sí, de aquí al perdón solo hay un paso.

Un elemento de importancia capital cuando deseamos realizar algún cambio en nuestras vidas (de la índole que sea) y que se torne complejo, es tener muy claros los beneficios que obtendremos de ese movimiento ya que esto se convierte en el impulsor, en la energía para llevar a cabo nuestra evolución hacia una consciencia más amplia que nos permita llegar hacia la claridad de nuestra misión aquí en la tierra.

La libertad inalienable que todos poseemos encuentra ahora sí un espacio adecuado pudiendo ubicarnos en la búsqueda del sentido de nuestro existir, búsqueda que será continua en nuestro andar y que precisamente retribuirá de sentido y energía nuestro diario vivir.


Monbourquette, John. Cómo descubrir tu misión personal. Ed. San Pablo. 2009.


  

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