La siguiente reflexión, ha sido articulada a
través de algunos párrafos del libro del Psiquiatra español Enrique Rojas “Los
lenguajes del deseo” (claves para
orientarse en el laberinto de las pasiones).
Lo primero que se tendría que puntualizar,
sería la diferencia entre persona e individuo:
“…el
hombre no es individuo, sino persona: son términos esencialmente distintos: si
el primero se cierra sobre sí mismo dando vueltas circulares, el segundo es la
interioridad, la realidad primaria y última, pero abierta a los demás en un
doble juego de donación y recepción. Por eso el individualismo se aleja del
auténtico amor y levanta un monumento a la emancipación posmoderna, tejida de
indiferencia, consumismo e hipertrofia del yo.”
La sociedad posmoderna, ¿qué la caracteriza?
Podríamos
decir que es “una sociedad caracterizada primeramente por una propensión
a un marcado individualismo en la que se presenta una crisis de credibilidad.
Sus expresiones de uso frecuente son el
reciclaje, el relax, el consumo. Una sociedad regida, movida sobre la filosofía
del “me apetece”. No hay reglas fijas. Lo importante es hacer lo que te pide el
cuerpo y atreverse a ir más lejos de lo que nunca uno llegó a pensar. Se
presenta también una exploración zigzagueante de las pasiones (con uno, con
otro, con otro). Volar, ir y venir, diluir cualquier compromiso a través de la
permisividad y el divertimento. Igual que el adolescente cambia de pareja
después de un amor de verano.
Este comportamiento finalmente refleja una
“cierta socialización” de la inmadurez. Una sociedad finalmente convertida en
adolescente.”
Todo lo anteriormente expresado, “… descansa
sobre un concepto emergente: la autenticidad.
Hacer aquello que uno percibe y que va
floreciendo, dejando de lado compromisos, deberes y obligaciones, palabras que
suenan a rancias y cuyo moho produce un repelús que hace saltar los vínculos
endebles y las relaciones vulnerables. Ceremonia de la confusión de lo que realmente
deben ser los hechos.”
“Ser auténtico es ser coherente, procurar que
entre lo que uno dice y lo que uno hace, exista una estrecha y adecuada
relación. Auténtica es una persona
insobornable, verdadera, que es realmente lo que aparenta, que tiene una línea
de conducta legítima, que es legal consigo misma y con los demás. Pero aquí el
término es tomado de forma confusa, como alguien capaz de dar entrada a
ingredientes inéditos por el solo hecho de que piden paso y llaman a la puerta
e insisten con su presión. La
personalidad se vuelve así cambiante, tornadiza, inestable, sin asidero,
dispuesta siempre a abrirse a los vientos exteriores que reclaman pasillo. La plasticidad es amebiásica, diluyente,
dispersora, sin remitente y sin referente. Siempre dispuesta a una nueva
aventura que refrigere el clima interior con una innovación aventurera.”
Todo lo anterior nos lleva a entender
cabalmente el término “amores eólicos” los cuales “nacen de vientos
inesperados, en donde el carácter de novedad que rompe la monotonía tiene un
punto fuerte basado en dos notas del pensamiento light: la permisividad y el
relativismo, que conduce a alardes laberínticos llenos de sorpresas en donde
las contradicciones mandan. Se produce una especie de “panoramización”, de zoom
consumista de parejas intercambiables, en donde parece que asoma el listón del
más difícil todavía.”
“Las negociaciones de la pareja eólica tiene un
subsuelo: todo está preparado para la ruptura y, a su vez, no pasa nada si esto
se produce, porque lo importante es hacer lo que te gusta y te parece bien y
punto”.
“Todo esto se da dentro de una sociedad sin
vínculos afectivos, en donde todo es transitorio, efímero, pasajero, con fecha
de caducidad. Cualquier compromiso es vivido como prisión y entonces lo mejor es hacer cada uno lo que
quiera, sin hacer daño físico al otro, ya que el daño psicológico es tan etéreo
que nadie puede valorarlo. El mundo de los sentimientos está entonces repleto
de fragilidad y pronto a romperse, para volver al individualismo atroz y al
hedonismo particular de una urna de marfil.”
“Las consideraciones éticas y morales
verdaderas han desaparecido y la pareja es pasto de las llamas. Hay una visión
plana de la vida (natural), pero falla la vertiente sobrenatural. Es más, el
sujeto que actúa así, defiende que es auténtico, volviendo otra vez la
malversación de las palabras, al
utilizar una lexicografía que se vuelve divertida y atroz, de revista del
corazón para pasar una tarde aburrida y llena de sufrimiento.”
“Todo lo anterior no es otra cosa que crisis de
la identidad personal.”
Dado este análisis auténtico de nuestra
realidad, bien valdría la pena seguir poniendo atención al estudio que realiza
el autor respecto al amor y las relaciones entre el hombre y la mujer.
“Yo no creo en el amor eterno, creo en aquel
que se trabaja día a día, como una tarea de orfebrería psicológica. El amor maduro es alquimia y magia y
códigos secretos y complicidad. Química y hechicería. Física y metafísica.
Ciencia y arte. Corazón y cabeza. Cuando el corazón y la cabeza se contradicen,
el ser humano se siente interiormente desgarrado y termina por ser una especie
de veleta arrastrada por sus deseos.”
“Comprender tarde es muchas veces no comprender.
Saber y conocer lo que es la vida conyugal me parece primordial. No hacerlo es
frivolidad, inconsecuencia, una de las más graves carencias que se pueden tener
y que van a ir bajando por la baliza de una conducta voluble, trivial, ligera,
vana, cambiante, sujeta a la versatilidad del momento.”
“El amor
es el principal argumento de la vida. Todo se estructura en torno a él. La
riqueza, variedades, matices, planos y dimensiones nos hablan de un mar sin
orillas. Al adentrarnos en su frondosidad nos abrimos paso entre masas de ideas
y pensamientos, buscando cuáles son sus principales claves, para comprender
todo lo que se hospeda en su interior. Las relaciones entre el hombre y la
mujer son cualquier cosa menos fáciles. Qué fácil es enamorarse y qué difícil
mantenerse enamorado. Y lo es, porque no hay nada tan difícil y complejo como
la convivencia.”
“Hay una serie de errores básicos acerca del
amor y que son muy frecuentes: equivocarse en las expectativas, divinizar el
amor, hacer de la otra persona un absoluto, pensar que para que una relación
funcione es suficiente con estar enamorado e ignorar que antes o después
vendrán crisis a las que habrá que hacer frente.”
“Algunos capítulos de textos clásicos sobre el
mundo sentimental hablan de un tema que podría titularse de la siguiente
manera: los afectos desordenados. Todos ellos ponen de relieve que mantener el
amor es una tarea compleja y que, entre otras cosas, debe evitarse la posibilidad
de estar abiertos a otros vientos exteriores emocionales, porque una vez
iniciado ese derrotero puede ser difícil echar marcha atrás.”
“Esto va en contra de los aires posmodernos,
que han dejado un perdigón permisivo y relativista en el ala, lo que conduce al
“todo vale”, “haz lo que quieras”,
“déjate llevar de los sentimientos nuevos que brotan en ti” y cosas parecidas. Detrás de esa explicación hay un fondo
maniqueo y cínico. Lo primero significa
que las cosas son buenas o malas, positivas o negativas y no hay más; lo cual
tiene un equipamiento lógico mínimo, la estructura del razonamiento salta por
sus costuras. Y cínico quiere decir que
esa persona defiende en la práctica y la
teoría algo denigrante sin ocultarse, sin pudor y a la vez intentando dar
lecciones de coherencia; esto es lo notable del cinismo posmoderno, el
pretender dar una cierta clase de ética sin sentir vergüenza de ello.”
“Cualquier tentación de separar la forma del
contenido conduce al error, porque la forma es parte del contenido. Aquí se
juega con las palabras, buscadas, medidas y sospechadas, para que den una
impresión bien hilvanada. Cualquier hecho puede ser interpretado de muchas
maneras, pero debe buscarse siempre lo objetivo,
la certeza de los hechos.”
Ante esta realidad ineludible, el camino de la
educación, de la enseñanza, de la instrucción, resulta además de invaluable,
urgente, necesario, apremiante, diría yo, obligatoria.
“Ha aparecido una recopilación de conferencias
de Theodor Adorno titulada “Educación para la emancipación”. Para él, la
pregunta ¿para qué la educación? Se responde del siguiente modo: para conseguir
una conciencia cabal, verdadera, que acerque a una mayor autonomía, en una
sociedad tan plural, heteróclita (cosas mezcladas sin orden ni armonía) y
satisfecha de sí misma y claramente neurótica, en donde las contradicciones
están a la orden del día.”
“Educar sentimentalmente es enseñar cómo
conseguir una mayor armonía entre la inteligencia, la afectividad y la
motivación. Buscar la cuadratura del círculo emocional, para no naufragar en
una cuestión tan decisiva como ésta. Los sucedáneos del amor vienen como
consecuencia de la endeblez (poco resistente)
de ideas sobre lo que es este mundo oceanográfico de la pareja.”
“Educar es convertir a alguien en persona,
hacerlo libre, independiente, con criterio, para que sepa a qué atenerse y sea
capaz de anunciar lo mejor en su propia vida y renunciar a todo aquello que
brilla por un instante, pero que a la larga deja huérfano de humanismo y
coherencia.”
“Educar es cautivar con lo mejor por
ejemplaridad, visión de futuro y sentido de la vida. Educar es seducir con la
razón, dar argumentos lógicos, haciendo atractivo el esfuerzo por ascender a
las cimas más altas a las que puede aspirar el ser humano.”
muy interesante...sin duda es un tema para reflexionar, en que punto crees que como sociedad caímos en este punto del individualismo masivo?, el "yo" como bandera bajo la que nos ocultamos para no tomar responsabilidades. Saludos
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