miércoles, 18 de julio de 2012

Algunas reflexiones para vivir una buena vida humana entre personas, que es lo que somos, no individuos, en una sociedad posmoderna.



La siguiente reflexión, ha sido articulada a través de algunos párrafos del libro del Psiquiatra español Enrique Rojas “Los lenguajes del deseo”  (claves para orientarse en el laberinto de las pasiones).


Lo primero que se tendría que puntualizar, sería la diferencia entre persona e individuo:
 “…el hombre no es individuo, sino persona: son términos esencialmente distintos: si el primero se cierra sobre sí mismo dando vueltas circulares, el segundo es la interioridad, la realidad primaria y última, pero abierta a los demás en un doble juego de donación y recepción. Por eso el individualismo se aleja del auténtico amor y levanta un monumento a la emancipación posmoderna, tejida de indiferencia, consumismo e hipertrofia del yo.”

La sociedad posmoderna, ¿qué la caracteriza?
Podríamos  decir que es “una sociedad caracterizada primeramente por una propensión a un marcado individualismo en la que se presenta una crisis de credibilidad.
Sus expresiones de uso frecuente son el reciclaje, el relax, el consumo. Una sociedad regida, movida sobre la filosofía del “me apetece”. No hay reglas fijas. Lo importante es hacer lo que te pide el cuerpo y atreverse a ir más lejos de lo que nunca uno llegó a pensar. Se presenta también una exploración zigzagueante de las pasiones (con uno, con otro, con otro). Volar, ir y venir, diluir cualquier compromiso a través de la permisividad y el divertimento. Igual que el adolescente cambia de pareja después de un amor de verano.
Este comportamiento finalmente refleja una “cierta socialización” de la inmadurez. Una sociedad finalmente convertida en adolescente.”

Todo lo anteriormente expresado, “… descansa sobre un concepto emergente: la autenticidad.  Hacer aquello que uno percibe y que va floreciendo, dejando de lado compromisos, deberes y obligaciones, palabras que suenan a rancias y cuyo moho produce un repelús que hace saltar los vínculos endebles y las relaciones vulnerables.  Ceremonia de la confusión de lo que realmente deben ser los hechos.”
“Ser auténtico es ser coherente, procurar que entre lo que uno dice y lo que uno hace, exista una estrecha y adecuada relación.  Auténtica es una persona insobornable, verdadera, que es realmente lo que aparenta, que tiene una línea de conducta legítima, que es legal consigo misma y con los demás. Pero aquí el término es tomado de forma confusa, como alguien capaz de dar entrada a ingredientes inéditos por el solo hecho de que piden paso y llaman a la puerta e insisten con su presión.  La personalidad se vuelve así cambiante, tornadiza, inestable, sin asidero, dispuesta siempre a abrirse a los vientos exteriores que reclaman pasillo.  La plasticidad es amebiásica, diluyente, dispersora, sin remitente y sin referente. Siempre dispuesta a una nueva aventura que refrigere el clima interior con una innovación aventurera.”

Todo lo anterior nos lleva a entender cabalmente el término “amores eólicos” los cuales “nacen de vientos inesperados, en donde el carácter de novedad que rompe la monotonía tiene un punto fuerte basado en dos notas del pensamiento light: la permisividad y el relativismo, que conduce a alardes laberínticos llenos de sorpresas en donde las contradicciones mandan. Se produce una especie de “panoramización”, de zoom consumista de parejas intercambiables, en donde parece que asoma el listón del más difícil todavía.”
“Las negociaciones de la pareja eólica tiene un subsuelo: todo está preparado para la ruptura y, a su vez, no pasa nada si esto se produce, porque lo importante es hacer lo que te gusta y te parece bien y punto”.

“Todo esto se da dentro de una sociedad sin vínculos afectivos, en donde todo es transitorio, efímero, pasajero, con fecha de caducidad. Cualquier compromiso es vivido como prisión  y entonces lo mejor es hacer cada uno lo que quiera, sin hacer daño físico al otro, ya que el daño psicológico es tan etéreo que nadie puede valorarlo. El mundo de los sentimientos está entonces repleto de fragilidad y pronto a romperse, para volver al individualismo atroz y al hedonismo particular de una urna de marfil.”

“Las consideraciones éticas y morales verdaderas han desaparecido y la pareja es pasto de las llamas. Hay una visión plana de la vida (natural), pero falla la vertiente sobrenatural. Es más, el sujeto que actúa así, defiende que es auténtico, volviendo otra vez la malversación de  las palabras, al utilizar una lexicografía que se vuelve divertida y atroz, de revista del corazón para pasar una tarde aburrida y llena de sufrimiento.”

“Todo lo anterior no es otra cosa que crisis de la identidad personal.”

Dado este análisis auténtico de nuestra realidad, bien valdría la pena seguir poniendo atención al estudio que realiza el autor respecto al amor y las relaciones entre el hombre y la mujer.

“Yo no creo en el amor eterno, creo en aquel que se trabaja día a día, como una tarea de orfebrería psicológica. El amor maduro es alquimia y magia y códigos secretos y complicidad. Química y hechicería. Física y metafísica. Ciencia y arte. Corazón y cabeza. Cuando el corazón y la cabeza se contradicen, el ser humano se siente interiormente desgarrado y termina por ser una especie de veleta arrastrada por sus deseos.”

“Comprender tarde es muchas veces no comprender. Saber y conocer lo que es la vida conyugal me parece primordial. No hacerlo es frivolidad, inconsecuencia, una de las más graves carencias que se pueden tener y que van a ir bajando por la baliza de una conducta voluble, trivial, ligera, vana, cambiante, sujeta a la versatilidad del momento.”

El amor es el principal argumento de la vida. Todo se estructura en torno a él. La riqueza, variedades, matices, planos y dimensiones nos hablan de un mar sin orillas. Al adentrarnos en su frondosidad nos abrimos paso entre masas de ideas y pensamientos, buscando cuáles son sus principales claves, para comprender todo lo que se hospeda en su interior. Las relaciones entre el hombre y la mujer son cualquier cosa menos fáciles. Qué fácil es enamorarse y qué difícil mantenerse enamorado. Y lo es, porque no hay nada tan difícil y complejo como la convivencia.”

“Hay una serie de errores básicos acerca del amor y que son muy frecuentes: equivocarse en las expectativas, divinizar el amor, hacer de la otra persona un absoluto, pensar que para que una relación funcione es suficiente con estar enamorado e ignorar que antes o después vendrán crisis a las que habrá que hacer frente.”

“Algunos capítulos de textos clásicos sobre el mundo sentimental hablan de un tema que podría titularse de la siguiente manera: los afectos desordenados. Todos ellos ponen de relieve que mantener el amor es una tarea compleja y que, entre otras cosas, debe evitarse la posibilidad de estar abiertos a otros vientos exteriores emocionales, porque una vez iniciado ese derrotero puede ser difícil echar marcha atrás.”

“Esto va en contra de los aires posmodernos, que han dejado un perdigón permisivo y relativista en el ala, lo que conduce al  “todo vale”, “haz lo que quieras”, “déjate llevar de los sentimientos nuevos que brotan en ti” y cosas parecidas.  Detrás de esa explicación hay un fondo maniqueo y cínico.  Lo primero significa que las cosas son buenas o malas, positivas o negativas y no hay más; lo cual tiene un equipamiento lógico mínimo, la estructura del razonamiento salta por sus costuras.  Y cínico quiere decir que esa persona defiende  en la práctica y la teoría algo denigrante sin ocultarse, sin pudor y a la vez intentando dar lecciones de coherencia; esto es lo notable del cinismo posmoderno, el pretender dar una cierta clase de ética sin sentir vergüenza de ello.”

“Cualquier tentación de separar la forma del contenido conduce al error, porque la forma es parte del contenido. Aquí se juega con las palabras, buscadas, medidas y sospechadas, para que den una impresión bien hilvanada. Cualquier hecho puede ser interpretado de muchas maneras, pero debe buscarse siempre lo objetivo, la certeza de los hechos.”

Ante esta realidad ineludible, el camino de la educación, de la enseñanza, de la instrucción, resulta además de invaluable, urgente, necesario, apremiante, diría yo, obligatoria.

“Ha aparecido una recopilación de conferencias de Theodor Adorno titulada “Educación para la emancipación”. Para él, la pregunta ¿para qué la educación? Se responde del siguiente modo: para conseguir una conciencia cabal, verdadera, que acerque a una mayor autonomía, en una sociedad tan plural, heteróclita (cosas mezcladas sin orden ni armonía) y satisfecha de sí misma y claramente neurótica, en donde las contradicciones están a la orden del día.”

“Educar sentimentalmente es enseñar cómo conseguir una mayor armonía entre la inteligencia, la afectividad y la motivación. Buscar la cuadratura del círculo emocional, para no naufragar en una cuestión tan decisiva como ésta. Los sucedáneos del amor vienen como consecuencia de la endeblez (poco resistente)  de ideas sobre lo que es este mundo oceanográfico de la pareja.”

“Educar es convertir a alguien en persona, hacerlo libre, independiente, con criterio, para que sepa a qué atenerse y sea capaz de anunciar lo mejor en su propia vida y renunciar a todo aquello que brilla por un instante, pero que a la larga deja huérfano de humanismo y coherencia.”
“Educar es cautivar con lo mejor por ejemplaridad, visión de futuro y sentido de la vida. Educar es seducir con la razón, dar argumentos lógicos, haciendo atractivo el esfuerzo por ascender a las cimas más altas a las que puede aspirar el ser humano.” 

1 comentario:

  1. muy interesante...sin duda es un tema para reflexionar, en que punto crees que como sociedad caímos en este punto del individualismo masivo?, el "yo" como bandera bajo la que nos ocultamos para no tomar responsabilidades. Saludos

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